Veinte años no es nada
La vida de Juan Ignacio Ibarra en Barcelona se resume en fútbol y familia.
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En el año 2004, con apenas dieciséis años emigró desde su Necochea natal a Barcelona junto a sus padres Alberto “Palomo” Ibarra (histórico dirigente de Villa del Parque) y Norma Loyoy. La ciudad de Gaudí, de las más cosmopolitas del mundo, ofrece aún hoy la imagen de Leo Messi en cada esquina, en cada local de recuerdos para los miles de visitantes que la recorren cada día.
Entre todo ese cúmulo de historias y pronto a cumplir veinte años viviendo en Cataluña, está la de Juan, hoy casado con Lorena Navarro, una catalana aficionada al mate y padre de dos hijos, Irina y Mateo.
Juan es director técnico formado en la escuela UEFA y trabaja hoy en el primer equipo femenino profesional del Espanyol de Barcelona que milita en Segunda Nacional, equipo que está en el segundo puesto del torneo con grandes chances de volver a la primera división de LaLiga. Su trabajo, además de ser ayudante del técnico principal, consiste en trabajar y preparar las jugadas detenidas de su equipo, tanto en defensa como en ataque y analizar a las futuras rivales, trabajo que lo apasiona. Respira fútbol, ama y vive su profesión con la misma pasión que siente por su amado Boca Juniors y que lo tuvo sin dormir a escasos días de una nueva final de Libertadores para los de la ribera.
Pese a haber tenido ofertas para dirigir en otros países como República Dominicana o Uruguay (de la mano de Walter Pandiani) por citar dos ejemplos, por ahora Juan no piensa en dejar Barcelona. “La vida acá es diferente, se vive tranquilo, estoy cómodo en el club, mi señora es docente y también tiene su trabajo. Mis hijos están bien por lo que no evaluó hoy ninguna oferta de afuera, aunque el fútbol es muy dinámico y todo puede ocurrir de un día para otro”.
Aunque extraña algunas cosas de Argentina, Juan es uno más en la gran ciudad condal que lo recibió en su adolescencia y que lo sigue abrazando como aquel 28 de abril de 2004.
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