“Veo deterioro en muchos aspectos que hacen a la calidad de vida”
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Luciana Cabrero mostró su preocupación por la salud, el comercio, la educación y la falta de civismo. Se refirió no sólo a la ciudad sino también al país
Julieta Moreno
Redacción
“Se tendrían que ocupar de la parte turística porque la ciudad es muy linda, pero año a año es un deterioro terrible”, opinó Luciana Cabrero, quien consideró que en el último tiempo ha habido algunas mejoras, pero advirtió que “hay poca inversión”.
Luciana Cabrero nació en Necochea, pero cuando tenía seis años se radicó en España junto a su familia, donde vivió hasta los 28 años. Allí se recibió de técnica superior en actividades deportivas e incluso vivió un año en Nueva York para cursar un máster. Después de vivir en Estados Unidos, decidió volver a Necochea por un mes para pasar unas vacaciones, pero se terminó quedando. Se fue a estudiar una especialización a Tandil y comenzó a trabajar en su profesión. Se puso de novia con alguien de nuestra ciudad y se volvió otra vez para armar su familia aquí. Hoy sigue trabajando, pero cambió de rubro: desde hace ocho años es la dueña del local de decoración Avignon y durante esta pandemia pudo concretar un proyecto que, desde hace tiempo tenía en mente: abrir una tienda online a nivel país e importar productos para su negocio. En este caso, la primera partida llegará desde Vietnam.
En diálogo con Ecos Diarios, dio su punto de vista sobre la ciudad y el país. Se mostró preocupada por la educación, la salud y la falta de civismo porque no se respetan las normas de convivencias, temas que compara permanentemente con lo que se sucede en Europa. “Veo deterioro en muchos aspectos importantes que hacen a la calidad de vida”, advirtió.
“Comparación inevitable”
“Tengo ganas de volver a España porque el país está para atrás”, fue lo primero que dijo Luciana Cabrero, al pensar cómo está la ciudad y la Argentina. “Es horrible comparar, pero cuando tuviste la experiencia es inevitable”.
Ahora que es madre, algunos temas le preocupan más, entre ellos, la educación. “Yo en España estudiaba, trabajaba de moza y me conocí Europa entera viajando los fines de semana. Acá es imposible veranear en la costa; hay que trabajar mucho porque todo cuesta”.
Con respecto a la ciudad, señaló que “hay poca inversión”. “Mi papá y mi mamá me cuentan que la década del setenta era mágica, hablan de la Galería Central, del casino, de cómo estaba la 83, cómo veraneaba la gente”. Sin embargo, indicó que “veo como está todo ahora y pienso que hay que ocuparse de la parte turística porque la ciudad es muy linda, tenemos la playa, el parque, el río, pero año a año es un deterioro terrible”.
De todas maneras, aclaró que la gestión municipal actual “ha hecho bastantes cosas por el poco tiempo que lleva”.
Entre las quejas que escucha en su local, mencionó el mal estado de las calles y los problemas de agua. “No puede ser que se corte el agua en el verano, esas cosas no las puedo creer”.
El tema de la salud le preocupa. “Me parece terrible que el Hospital tenga falta de insumos y que la gente haya tenido que hacer donaciones durante la pandemia”.
Falta de civismo y educación
Otra cuestión que planteó es la falta de civismo, es decir, la falta de respeto a las normas de convivencia que nota entre los ciudadanos. “En España los autos frenan para que pases y acá no frenan”, dijo, dando cuenta que se ve principalmente en el tránsito.
“Veo deterioro en muchos aspectos importantes que hacen a la calidad de vida. En España vos trabajas, pero salís a la calle y hay policías y hay civismo y respeto”.
Uno de los principales problemas es –a su entender- la educación y, en este sentido, lamentó que no hubo clases presenciales en todo el año. “El único país del mundo, no se puede creer”.
Luciana Cabrero hizo referencia a las consecuencias de la pandemia y mencionó “lo duro” que fue para el centro comercial atravesar esos meses de cuarentena, haciendo hincapié en las quejas del sector y en la cantidad de locales que tuvieron que cerrar sus puertas, algunos después de 40 años de trabajo.
En su caso, al tener un local de decoración, su trabajo se mantuvo e incluso creció porque la gente encerrada durante el aislamiento más estricto, se ocupó más de su casa. De todas maneras, reconoció que no es lo que le pasó al resto de los comerciantes y mencionó el caso de una galería que prácticamente tiene todos los locales cerrados.
Casino, parque y turismo
Con relación al Casino, aclaró primero que no está de acuerdo ni con la sala de juegos ni con el Bingo y apoyó la idea de que pueda venderse. No obstante, recordó “lo alucinante” que es el teatro Auditórium y comentó que le gustaría que se pudiera reestructurar y volver a abrir.
Al referirse al parque Miguel Lillo, manifestó que “hay que respetarlo” y que sólo aceptaría alguna intervención “si no se tapa el foco de lo verde” e incluso si se sigue forestando.
Para ella, hay que fomentar el turismo pero advirtió que hay pocos hoteles y e indicó que “hay uno solo bueno”. “Si alguien quiere venir a pasar unos días a un lugar mejor, no hay”, insistió, al tiempo que agregó que “quizás sería genial hacer algo en el Parque sin dañar lo verde”.
Con respecto a la gestión del intendente Arturo Rojas, contó que le gusta cómo está llevando adelante la administración. “Sé que es de una buena familia, que le pone ganas y garra, pero siento que nada es mágico y además no se pueden hacer muchas cosas en un año”. Para hacer una evaluación, consideró que hay que esperar que pasen los cuatro años de su mandato.
“Ojalá la ciudad mejorara. Si fuera por mí, quizás me quedaría, pero pienso en mis hijas que pueden tener un futuro mejor en otro lado. Pero la ciudad me encanta y cuando me voy, siempre la extraño”.///