Verdaderamente solidarios, a pesar de todo
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Si bien la palabra solidaridad está de moda y desde algunos sectores se la ha utilizado con claros fines demagógicos, para muchos ser solidario es una forma de vida que ni siquiera el coronavirus ha podido cambiar
Comportamiento “solidario” para cuidarnos entre todos, impuestos “solidarios” para hacer frente a la crisis, la palabra solidaridad ha empezado a ser utilizada desde algunos sectores con claros fines políticos e incluso demagógicos. Sin embargo, para los que son solidarios todo el año, la situación económica generada por la cuarentena ha cambiado el escenario y obligado a repensar las estrategias para seguir ayudando.
A pesar de las medidas “solidarias” tomadas por el gobierno, las condiciones de vida de muchas personas que en tiempos de normalidad necesitan de ayuda, se ha incrementado hasta niveles difíciles de calcular.
Semanas atrás, Marcos Fernández, principal referente de Identidad Vecinal señalaba en una entrevista publicada en el Suple Finde que antes del inicio de la cuarentena, la institución ayudaba a unas 120 familias, pero para mediados de mayo el número ya había llegado a más de 400.
Así como esa entidad, todas las dedicadas a realizar acciones solidarias debieron redoblar el esfuerzo en los últimos meses, a pesar de que en un principio debieron cerrar sus puertas y modificar completamente su forma de trabajo.
Merenderos, comedores y otras instituciones que durante los 365 días del año prestan ayuda a diferentes sectores de la comunidad, cesaron sus actividades, pero sus principales referentes se dieron cuenta de que lo único que había cambiado era la situación de aislamiento de la gente, no sus necesidades.
Ganas de volver
“Al no poder abrir el comedor donde meriendan cincuenta niños o más, nuestro trabajo fue preparar bolsones para repartir a las familias, casa por casa”, afirmó Fernanda Battistoni, quien junto a Alicia Dovigo lleva adelante desde hace más de una década La casita para merendar.
Eso significó, explicó Battistoni, “mucho más trabajo para nosotras”.
“Además, sabiendo que venía el frío, hicimos campañas de frazadas y también atendemos las necesidades de cada familia”, indicó.
En mayo pasado, La casita para merendar, que tiene su sede en la calle 81 al 3800, cumplió 19 años.
“Siempre todos necesitan insumos diferentes y por supuesto tratamos de conseguirlos. Y así seguiremos hasta que podamos abrir La Casita para Merendar”, señaló Battistoni.
“Extrañamos mucho a los nenes y ellos a nosotras. Nos preguntan todo el tiempo cuándo vamos a abrir… Ojalá sea pronto”, dijo Fernanda, con el incansable espíritu solidario que la anima.
Contra toda vicisitud
“La gente algo tiene que comer”, había dicho Nélida Luján, fundadora del merendero 2cientas sonrisas, en los primeros días de abril. A pesar de la cuarentena, se calzó los guantes, el barbijo y salió a repartir pan y leche a los vecinos del barrio General San Martín y otro caserío ubicado al lado del basural.
“Con la cuarentena tuvimos que cerrar con tristeza el merendero para los niños del barrio. Pero siempre pensando en ellos se me ocurrió la idea de hacerles llegar el alimento a sus casas”, dijo Nélida, que parece no poder vivir si no ayuda.
“Así fue que en toda la cuarentena trabajé dos veces por semana para darles alimentos, ropa, pan y facturas”, explicó la mujer, que cuenta con el apoyo incondicional de su hija.
“Hasta que todo esto pase no voy a poner a los chicos en riesgo. Seguiré trabajando así hasta el año que viene”, explicó.
Hace unos años Alejandra Pascale le propuso a Nélida Luján “hacer algo por los chicos que andaban en la calle”.
Así fue como surgió el merendero, que primero funcionó en la casa de una vecina de Nélida. Luego se trasladó al garaje de Luján, que antes funcionaba como el taller de su marido. Y allí funciona desde 2016 .
Por estos días, cuando el Covid-19 parece haber pasado a un segundo plano y la principal preocupación de la gente es la crisis económica generada por la cuarentena, Nélida sale a repartir “garrafas, ropa y toda donación que llega al merendero”.
“Ya estoy preparando las cosas para el Día del Niño”, manifestó. Y agradeció “a las empresas que me ayudan para lograr que ellos reciban su juguete y una bolsa con alimentos y golosinas que serán entregados en sus hogares”.
Un efecto mariposa
Según el efecto mariposa, cualquier pequeña perturbación en un sistema puede provocar grandes cambios. Esa fue la idea que el médico Juan Pedro Arabarco intentó llevar a la práctica hace unos años cuando creó un grupo de amigos con ese nombre a fin de provocar pequeños cambios en la vida cotidiana de su comunidad.
Por estos días el Efecto Mariposa avanzó con la construcción de dos viviendas para personas que vivían en situaciones de extrema pobreza.
“Esta pandemia nos frenó un poco. Estuvimos parados al principio, cuando no se podía hacer ninguna actividad”, dijo Arabarco.
“Nosotros ya habíamos arrancado con la construcción de las dos viviendas cuando comenzó la cuarentena”, explicó. “Después de un mes pedimos un permiso a la Secretaría de Gobierno, para seguir construyendo con los protocolos correspondientes, con grupos reducidos”.
“Así fuimos construyendo las dos casas y logramos terminar la de barro”, dijo Juan Pedro.
Sin embargo, señaló, “la pandemia nos privó de hacer eventos para poder conseguir fondos, como varias que teníamos programadas: pruebas de running y cenas”.
Pese a ello, Arabarco no como parte del Efecto mariposa, sino individualmente, realizó una pedaleada solidaria de 24 horas junto al juez Mario Juliano a fin de recaudar insumos para el Centro de Salud del Barrio General San Martín.
“Fue una experiencia inolvidable. A mí me llenó de satisfacción y orgullo”, concluyó.
Desgastante, pero gratificante
“Ha sido un trabajo desgastante, pero a la vez gratificante, porque se ha podido colaborar y ayudar a más de 600 familias”, dijo Marcos Fernández, principal referente de la agrupación Identidad Vecinal Necochea-Quequén.
“La cuarentena nos complicó muchísimo. Creció mucho la necesidad, porque aquel que hasta entonces podía llevar el pan a su casa realizando al menos una changuita por día, ya no pudo hacerlo”, explicó Fernández, que de niño vivió en la calle y conoce de necesidades.
“Nosotros tuvimos que hacer esta gran convocatoria y con la colaboración de muchos vecinos pudimos ayudar a más de 600 familias”, precisó.
El mismo Fernández y los demás integrantes de la comisión de Identidad Vecinal salieron a repartir casa por casas bolsas con alimentos donados por otros vecinos, empresas, comerciantes y el área de Desarrollo Social del municipio.
En una situación excepcional
“Este tipo de situaciones son excepcionales, pero no deja de estar dentro de nuestro objetivo que es la ayuda a familias en situación de riesgo”, afirmó Juan Pablo Toledano, impulsor de la asociación civil Raíces Solidarias.
Formada hace varios años con la intención de crear un espacio de contención para personas en situación de vulnerabilidad, fiel a su nombre, la asociación desarrolla una intensa labor de ayuda a los más necesitados, especialmente a partir de la colecta de ropa para su posterior distribución.
Pero a partir de declararse la cuarentena, la asociación civil decidió seguir colaborando a partir de una campaña de prevención mediante la entrega de kits de elementos de higiene, alcohol y desinfectante.
“Mucha gente no tiene para comer, menos va a tener para comprar elementos de desinfección”, dijo Toledano y explicó que con la colaboración de los vecinos y de comerciantes, se pudieron armar los kits y llegar a 500 familias del distrito.
La última entrega se realizó días atrás en Quequén y ahora se está trabajando para llevar la campaña a las localidades del interior del distrito.
“A nosotros no nos afectó en cuanto a lo que es la ayuda social. De hecho hemos trabajado con más persistencia de lo que podemos hacerlo habitualmente, contando siempre con la colaboración de la comunidad”, afirmó Toledano.
“Sin la gente no podríamos haber cumplido con esto”, indicó y destacó la labor de los integrantes de la asociación, así como el constante apoyo de los vecinos y empresas que colaboraron.
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Nélida Luján y su hija, del merendero 2Cientas sonrisas, listas para salir a repartir mercadería
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Fernanda Battistoni y Alicia Dovigo, de La casita para merendar, también recolectaron alimentos para repartir en el barrio
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Los miembros de Identidad Vecinal trabajando en el reparto de alimentos
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Miembros de Raíces Solidarias entregaron hace unos días kits de desinfección en la Delegación de Quequén
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Juan Pedro Arabarco (derecha), Marcelo Sierra y Mario Juliano (izquierda) realizaron una bicicleteada para recaudar insumos para el Centro de Salud del Barrio General San Martín