Vértigo en las carreteras
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Cuna de grandes pilotos, nuestro distrito también quedó en la historia del automovilismo porque aquí se rompieron varias marcas de velocidad en las décadas de 1950 y 1960
Hace 80 años, en 1939, el Automóvil Club Argentino dividió el Campeonato Argentino de automovilismo en los títulos de Campeón de Pista, de Velocidad y de Carretera. Nacía así el Turismo Carretera, en cuya historia la ciudad de Necochea tiene un lugar particular.
Además de ser cuna de grandes pilotos, nuestro distrito también quedó en los registros históricos del TC como el lugar donde por primera vez se superaron los 200 kilómetros por hora de promedio en carrera.
Una década más tarde de la creación de la categoría, a principios de los años 50, comenzaron a disputarse las famosas «vueltas» y, entre ellas, se destacaban Hughes, Santa Fe, Tres Arroyos, Mar y Sierras, Necochea y Olavarría.
La primera competencia del Necochea Automóvil Club marcó un hito. El ganador, Juan Carlos Navone, con Ford, estableció la mejor marca de velocidad horaria en la historia del automovilismo argentino categoría turismo de carretera, con 189 kilómetros por hora de promedio.
De esta manera, batió el récord que ostentaba Oscar Alfredo Gálvez, que había ganado la Vuelta de Tres Arroyos a un promedio de 185 kilómetros por hora.
Al año siguiente, en la Segunda Vuelta de Necochea, Navone impuso un nuevo récord de 192 kilómetros por hora. Poco después, en la carrera de Tres Arroyos, el quequenense Armando J. Ríos estableció una nueva marca, con 194 kilómetros por hora.
Pero al año siguiente, una vez más en la vuelta organizada por el Necochea Automóvil Club, Angel Meunier, con Chevrolet, subió la marca hasta el límite: 198 kilómetros por hora.
Una carrera histórica
La edición de Ecos Diarios del 31 de marzo de 1963, daba cuenta del optimismo de pilotos y aficionados sobre la posibilidad de romper la marca de Meunier y superar la barrera de los 200 kilómetros.
«Es que las máquinas han evolucionado tanto por obra y gracia de nuestros formidables mecánicos, que todo puede esperarse de esos coches que la industria norteamericana creó para el desarrollo de velocidades mucho menores, sin pensar siquiera que los criollos los ‘retocarían’ tanto que el con el transcurso de los años alcanzarían marcas de velocidades
reservadas solamente para las máquinas especiales o los coches sport», escribía el cronista.
Además de la posibilidad de inscribir una nueva página en la historia de la categoría, había
710.000 pesos en premios a repartir entre los primeros puestos, que impulsaban a los corredores a romper la barrera de los 200 kilómetros por hora de promedio.
Según los especialistas, el piloto local Armando J. Ríos y los «Gringos» Emiliozzi, tenían los autos más veloces y eran los candidatos para imponer el nuevo récord.
El quequenense había impuesto la marca de 194,861 kilómetros por hora en la décima vuelta de la carrera de Tres Arroyos.
«Ríos y Emiliozzi son, al decir de los entendidos, los hombres que conducen los coches más veloces del país», según un artículo publicado el 29 de marzo en Ecos Diarios. Acompañaba la nota una fotografía del «Chivo» de Ríos, que tenía el número 2 en el capó.
Ese día, en dependencias del Automóvil Club Argentino, donde tenía su sede el Necochea
Automóvil Club, quedaba establecido el orden de largada de la vuelta.
Largaría primero Dante Emiliozzi, luego Armando J. Ríos, Santiago Saigós, Angel Meunier, Carlos Menditeguy, Carlos Pairetti, Norberto Palagani, José Morán, Eduardo Casa, Félix Marbellini, Segundo Taraborelli, Carmelo Galpato, Antonio Tempone y Juan Manuel Bordeu.
El ganador se llevaría el premio Maquinarias Ardanaz, en homenaje al inolvidable Juan Gálvez, nueve veces campeón de Turismo Carretera, fallecido durante la Vuelta de Olavarría.
También estaba en juego la Copa de Oro Armando O. Baccino, que quedaría en poder de quien superara los 200 kilómetros por hora.
El circuito tenía 368 kilómetros. Los pilotos debían partir desde Necochea hacia de Tres Arroyos, de allí a Benito Juárez y luego regresar a nuestra ciudad.
Los 200 kilómetros
Debido a las características del circuito, la Vuelta de Necochea era una prueba de velocidad pura y extremadamente exigente para los competidores.
De los 41 inscriptos, sólo largaron 28 coches: 14 Ford y 14 Chevrolet. De ellos, 13 abandonaron en la primera vuelta y otros 6 en la segunda.
Pero el Ford de Dante y Torcuato Emiliozzi logró la hazaña: a 203 kilómetros de promedio los «Gringos» pudieron dar la vuelta en menos de tres horas.
Los hermanos, que eran campeones de Turismo Carretera de 1962, sumaban así su tercera victoria del año 63, luego de las de Olavarría y Pergamino.
En segundo lugar se ubicó el piloto de San Antonio de Areco, Santiago Luján Saigós y tercero el balcarceño Juan Manuel Bordeu, con un Chevrolet. Cuarto José Morán y quinto Carmelo Galbatto. Luego llegaron Carlos Pairetti, Juan Ibarrondo y Félix Mabellini.
La IV Vuelta de Necochea quedó así en la historia del TC como la primera competencia de esta categoría en la que el promedio de velocidad superó los 200 kilómetros por hora.