Víctimas de la insensatez
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De vez en tanto aparecen en el lenguaje de nuestra sociedad, palabras que potencian o parecen darle mayor lustre a algunas cuestionables actitudes, porque están disfrazadas en un derecho «personal o grupal» que terminan molestando el del resto de la comunidad.
Desde hace un tiempo está de moda el término «visibilizar», generalmente para enfatizar o darle un toque «distinto» a una protesta. La moderna designación de mostrar un reclamo, en muchos casos justificado sólo para sus protagonistas o quienes van a «sacarle jugo» a estas exteriorizaciones.
Aunque venimos soportando periódicamente estas salidas a la calle para «mostrar» un problema o demanda, en las últimas horas se produjeron un par de estas expresiones que, sin que llegaran al mejor puerto los reclamos en cuanto a respuestas, conllevaron una serie de inconvenientes y molestias a terceros.
Una de estas demostraciones callejeras se produjo a media mañana, es decir en pleno horario de trabajo, en calles céntricas, donde un grupo donde brillaban por su ausencia las personas de la tercera edad, manifestaron su contrariedad por el cierre de la oficina del PAMI en Quequén a partir del venidero 1º de marzo, aunque se ha dejado debidamente aclarado que las atenciones del organismo se continuarán realizando en las dependencias de la Anses de la vecina orilla.
Durante el lapso de unas dos horas, no más de 60 personas, con redoblantes y banderas expresaron su enojo frente a la céntrica sede del PAMI para luego trasladarse a la sede del Juzgado Federal, en 61 y 56.
Entre los manifestantes se divisó a sindicalistas y algunos políticos, en ambos casos de manifiesta oposición al Gobierno, que aprovechan estos hechos para «llevar agua para sus molinos». Y así privilegian sus intereses por sobre los de los otros. Representantes que, ante casos de este tipo o más graves cometidos por la anterior administración, permanecieron silenciosos y con la cabeza bajo la almohada.
Mientras duró la protesta el tránsito permaneció cerrado y los peatones prefirieron evitar su paso por esos lugares céntricos, perjudicando a los comerciantes del área.
A las pocas horas, dos individuos, apuntalados por otro minúsculo
grupo, se subieron a lo alto del Puente Colgante, en un reclamo puramente personal ante la Justicia; y permanecieron durante horas, con la amenaza de arrojarse al vacío si no conseguían su objetivo.
Estos sujetos mantuvieron en vilo a quienes apostaban a pasar por el lugar e impidieron la circulación de vehículos por el puente. En una prepotente actitud de cortar el desplazamiento libre por la vía pública, que perjudicó al tránsito durante la jornada del jueves.
Agregando otra actitud lamentable este grotesco e inadmisible, «show», circense.
Es por demás notorio que, para quienes tienen la obligación de actuar, en cumplimiento del orden y la seguridad pública es mejor no comprometerse y dejar que ganen los intereses de unos pocos. Un despropósito por cierto.
Como telón de fondo ondea otra palabra que lamentablemente está en decadencia desde hace años y así nos va como sociedad: educación.
Si el individuo ha sido educado, puede discernir qué está bien y que no.
Sin que nadie lo lleve de las narices, si fuera así estos abusos no existirían. ¿Podremos algún día vivir en una comunidad más ordenada y justa? ¿Aplicaremos la tácita regla de que el derecho propio culmina en el mismo sitio en el que empieza el del otro? La respuesta lamentablemente hoy es que es imposible.///