Cuando la inseguridad te cambia la vida
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Guido Careri, Horacio Rueda, Juan Marraro y José Luis Arrate sufrieron traumáticos ataques. Rememoran los terribles momentos que sufrieron y coincidieron en que “esta lamentable historia seguirá”
La terrible muerte que sufriera recientemente el empresario Guillermo Depierro durante un robo en su hogar, no sólo ha conmocionado a la comunidad, sino que removió la memoria de quienes han sido víctimas de atracos violentos, y que lamentablemente nunca se aclararon.
En la redacción de Ecos Diarios en una charla franca y emotiva por momentos, el médico cirujano Guido Careri; el productor rural residente en La Dulce, Horacio Rueda; el abogado Juan Marraro y el empresario José Luis Arrate recordaron los hechos que les significaron el peor momento de su vida y cambiaron sus pareceres y conductas “para siempre”.
Los cuatro vivieron situaciones “distintas, con matices diversos pero todas traumáticas, que no olvidamos”, aseguró Guido Careri.
Ha sido tan decisivo el cambio que los hechos sufridos generaran en sus vidas, que tres de los entrevistados tienen armas de fuego en sus casas “para poder defendernos si nos vuelven a atacar”.
Todos dicen que hoy toman precauciones de todo tipo y se sienten sugestionados. “Subo al auto y trabo todas las puertas y antes de entrar a casa llamo a alguien cercano para ir contándole que estoy entrando a casa”, reveló José Luis Arrate.
Coincidieron en que “Necochea dejó hace rato de ser la ciudad tranquila que vivimos”, mientras que Rueda agregó que “ni siquiera La Dulce, donde me tocó a mí”.
El caso Depierro
Lo sucedido con Depierro ha potenciado un pensamiento más negativo en los cuatro. “Esto va a continuar y cada vez será peor. Es una historia que continuará”, ensalzó un molesto Horacio Rueda, e invitó a que “nos unamos porque con la droga, la corrupción y la falta de protección, todo irá para peor”.
José Luis Arrate por su parte dijo que “el caso de Guillermo no fue cometido por improvisados y para mí es gente de afuera la que cometió el hecho, que vino con una vendetta de datos total”.
Los cuatro mostraron cierto escepticismo en cuanto a que se vaya a aclarar el trágico acontecimiento, aunque descartaron que exista “algún tipo de connivencia entre la Justicia y los delincuentes”, para echar luz sobre el tema.
Arrate señaló que “varios integrantes de la Justicia mal justifican a quienes cometen delitos, porque dicen que están discriminados relegados por el resto de la sociedad y no les queda otra que delinquir. Parece que les tienen miedo…”
Al respecto Careri subrayó: “No creo que nadie haga algo a propósito para hacer mal su tarea. En el caso de la Justicia la impericia e inexperiencia de algunos de sus actores hacen que estos hechos no se aclaren. No digo que sean cómplices directos, pero si alguien no investiga o no va a comprobar las pruebas que se le presentan o demora un allanamiento, no ayuda en nada”.
Luego resaltó que existe “una zona liberada a veces parcialmente. En mi caso me entraron a mi casa tipos sin guantes y tocaron todo, como si supieran que nunca aparecerían sus huellas. Eso nos lleva a pensar que hay mucha gente comprometida más allá de quienes cometen el robo”.
“Deberíamos juntarnos y reclamar todos juntos, pero la gente tiene mucho miedo y el sistema termina favoreciendo a quienes delinquen”, destacó Careri.
Desatendidos
A vistas de lo que ha ocurrido con las investigaciones de sus casos y la falta de aclaración los protagonistas sienten que no han sido respaldados desde el Estado.
Juan Marraro se lo ha tomado con resignación. Su denuncia fue atendida en principio por la fiscal Eugenia Quagliaroli, pero luego ésta se jubiló. Sostiene que “no se hizo una sola actuación” para averiguar quiénes fueron los culpables”.
En el caso Rueda hubo dos detenidos, uno de los cuales fue absuelto “casi inmediatamente” y el otro cumplió el 30 por ciento de la condena”.
Graves consecuencias
En el caso de médico Careri, explicó que a consecuencia del duro ataque, su esposa tuvo un problema de salud “muy serio, que ha podido llevar adelante gracias a un tratamiento”.
“Mi hija me decía que en la forma que nos asaltaron me pusieron en un lugar al que no pertenezco, pero en principio me produjo un odio enorme, que por suerte he podido ir superando”, añadió.
Luego señaló que “más de una vez mi esposa me pidió que nos cambiáramos de casa. Ella siente que en Necochea le pasan cosas similares a todos y estamos desprotegidos. En lo personal pienso que a veces somos culpables en parte de lo que nos pasa por omisión, es decir por no hacer cosas, exigirles más al Estado que nos proteja”.
Transcurridos más de tres años del caso, si bien dice “no sentir miedo de que vuelvan”, preventivamente cada noche Careri cierra con llave la puerta de su dormitorio al irse a descansar.
En el caso de Marraro confesó que “tras lo que me pasó y a pesar que el ataque no fue en mi casa, decidí vender la que tenía e irme a vivir a un departamento, para estar más seguro”.
Por el lado de Horacio Rueda, las secuelas del ataque derivaron en que él y su esposa hayan tenido que ir al psicólogo. “En mi caso siento que hasta he perdido algo de memoria, tras lo que nos pasó”, sentenció.
Rueda, Arrate y Careri contaron que sueñan con frecuencia que les vienen a robar o los atacan. “Insultamos, lanzamos golpes. Todo parece haber quedado en nuestra conciencia”, contaron.
“Hay veces estamos reunidos con amigos y no sé porque saco el tema de lo que me pasó y empiezo a recordar todo. Por fortuna mi esposa me calma y puedo cambiar de tema”, lamentó Careri, y apuntó que “luego llegué al punto de tratar de olvidar lo que me pasó porque no podría seguir viviendo así. Di la vuelta de página”.
Marraro se expresó en el mismo sentido, al decir que “la única solución es superar el tema, cuidarse uno lo mejor posible, tomar recaudos y estar atentos. Y en el plano vecinal comunicarnos por grupos de Whatsapp y compartir cámaras”.
Sigue sin perdonar
El productor Horacio Rueda aún tiene “las llagas abiertas” por el hecho que le tocó vivir. “Nosotros tuvimos que investigar, aportamos todo tipo de datos y hasta ubicamos la camioneta en la que habían ido los delincuentes. También les llevamos fotos de una persona con la cadena de oro que nos robaran y que había subido a su Facebook, pero la fiscal Silvia Gabriele nunca quiso investigar, ni le tomó declaración a nadie”.
El dulcense, de 74 años, sorprendió al decir que “si aparece un arrepentido, que tenga coraje y me cuente quienes fueron los que me hicieron pasar esa odisea, será bien remunerado. Ya no quiero recuperar nada, sólo saber quién me hizo esto…”
En el caso de Careri, tuvo un avance parcial. Se pudo reconocer uno de los individuos, que había actuado con la cara descubierta, que era de Bahía Blanca. “Lo reconocí por foto y le dieron tres años y ocho meses de pena, pero nunca se supo nada del resto de la banda”.
“Yo en los primeros meses no me calmé, arremetí con todo y hasta fui a buscar a la casa armado a un tipo que me decían que había sido uno de los ladrones, pero por suerte no lo hallé. Hubiera hecho una locura”, apuntó el médico, y acotó que “mi hermano, que es abogado, me aconsejó que me olvidara de lo que me había pasado y le tuviera miedo a la Policía…”
Sobre el modus operandi, Careri sostuvo que “en el caso de las bandas mixtas, hacen la inteligencia de la futura víctima, delincuentes locales y los de afuera vienen y hasta reciben las armas acá, cometen los hechos y se van…”
En el final de la charla, Manuel, hijo de Rueda, expresó una frase que la mayoría de la comunidad comparte por estos días: “Ojalá que la muerte de Guillermo (Depierro) se aclaré y caigan los reales culpables…”.///
Cuando la inseguridad te cambia la vida
En el caso del abogado Marraro, fue sorprendido la noche del 11 de enero de 2014, cuando cenaba en la casa de amigos junto a dos mujeres. “Nunca supe si eran tres o cuatro personas encapuchadas, que abruptamente irrumpieron en la casa y nos empezaron a golpear, nos amordazaron y ataron con alambres que traían. A su vez permanentemente nos gatillaban en la cabeza”, empezó diciendo, para apuntar que “eran individuos armados que evidentemente llevaban algún dato equivocado y ni siquiera sabían nuestros nombres. Pero lo cierto es que esa noche padecí las seis horas más largas de mi vida. Fue algo siniestro, que no sabíamos cómo iba a terminar”.
Tras amenazas de todo tipo y una vez que a la fuerza los ladrones se enteraron de su profesión, Marraro debió manejar su vehículo hasta su estudio en la zona céntrica de la ciudad y entregarles dinero a los individuos. Luego regresaron a la casa, la que los asaltantes abandonaron llevándose “hasta las ollas y el auto de la dueña de casa”, que nunca apareció.
El profesional del Derecho está convencido que sus atacantes no eran de Necochea.
“Picaneado” en su casa
Ha quedado claro que la delincuencia llega a todos los rincones y en la tranquila La Dulce, el productor rural Horacio Rueda, fue víctima de un robo violento.
La noche del 5 de julio de 2015, más precisamente a la 1.30 de la madrugada, Rueda dormía con su esposa, cuando “nos despertó un estampido en la ventana. Y pese a que duermo con un revólver al lado de la cama, no me dejaron reaccionar. Eran cinco tipos (sic), que llegaron a casa en un auto y una camioneta, porque quedaron registrados en las cámaras de casa”.
El productor reveló que tiempo antes de ser visitado por los ladrones tenía el presentimiento que le iban a robar, y subrayó que “me quedó en claro que vinieron con el dato firme de que yo había hecho un negocio y tenía muchos dólares, pero esa plata ya la había invertido”.
La pareja fue atada fuertemente en sus muñecas y al no obtener respuestas sobre el sitio en el que tenían valores, los delincuentes “pelaron el cable del velador y me picanearon. Resistí porque saltó la térmica…”, recordó Horacio, mientras que “a mi esposa le pegaban cada vez que los insultaba de los nervios. Este tipo de gente cada vez que le decís algo te golpea con mayor crudeza”.
El dulcense simuló estar descompuesto y los ladrones llevaron a su esposa a recorrer la casa, apropiándose de dinero y joyas, para seguidamente huir. Luego el dueño de casa rompió con sus dientes la atadura de su mujer y pudieron liberarse. Habían pasado cuatro horas “de terror”.
Rueda está convencido que en su caso quienes le robaron “son de Necochea”.
A las trompadas
“Si bien no tiene punto de comparación con lo que le ocurrió a ellos”, señaló el empresario José Luis Arrate, tuvo dos odiseas de este tipo. La primera de ellas en el año 2003, cuando estaba en la oficina de su agencia de autos y lo sorprendieron dos individuos disfrazados de policías, quienes tras apuntarle con armas e indicarle que sabían dónde estaban su esposa e hijos en ese momento, le llevaron dinero. “Eran de afuera, ya que abandonaron el auto en el que venían y que habían robado, a las dos cuadras de mi negocio”.
Pero Arrate tiene más fresco el ataque que sufrió a las 23 de un sábado de junio de 2016, al llegar a su casa de la calles 36 y 101 “De la nada, del terreno de enfrente aparecieron dos individuos con sus rostros tapados con cuelleras, y se me abalanzaron cuando había guardado el auto en el garaje e intentaba entrar al quincho, para dejar unos elementos. Recibí un culatazo de atrás”, señaló.
Los “visitantes” le exigían a José Luis entrar a la casa, pero “no sé porque reaccioné de una manera inusual a mi forma de ser, agarrando a uno del cuello y apretándolo contra el portón. El otro disparó su arma para calmar la situación, pero yo seguí adelante hasta sacarlos del quincho a golpes y luego logré cerrar el portón”.
El episodio se produjo “bajo la lluvia y con un intenso frío”, y duró unos seis minutos “que fueron eternos para mí”, contó José Luis, que en la ocasión recibió un disparo que atravesó su pierna derecha. Tras el intercambio de golpes los individuos decidieron irse, llevándose sólo algo de dinero que sacó de su billetera la víctima. No obstante antes de retirarse le hicieron dos disparos, que por fortuna no dieron en la humanidad del dueño de casa.
“Hicimos la denuncia, esa noche vinieron fiscales, policías, les ofrecimos las imágenes de las cámaras de la casa, allanaron una casa dos días después y obviamente no hallaron nada y nunca se aclaró el hecho”, sostuvo
El empresario sentenció que “tengo en claro que en mi caso se trataba de “rateros”, que fue al voleo, ya que ni siquiera sabían mi nombre”.
“Jugaron a la ruleta rusa con mi cabeza…”
Una noche de febrero de 2015, el cirujano Guido Careri fue sorprendido al entrar a su casa de la calle 93, en la Villa Díaz Vélez, para esperar a su esposa, que había ido a llevar a la hija de ambos a la terminal de ómnibus.
“Me disponía a hacer entrar a la perra y apareció ante mi vista un individuo, que se me tiró encima. Lo enfrenté pese a que estaba con un arma, nos caímos golpeándonos y patee la puerta del garaje quedando los dos adentro. Pero enseguida otros dos delincuentes patearon la puerta y entraron, para reducirme, atarme boca abajo con el cable del cargador de celular y empezar a ponerme las armas en la cabeza, para que les dijera dónde tenía valores. Casualmente teníamos muchas alhajas que habíamos heredado de mamá”, manifestó Careri.
“Sabían que era cirujano, y sólo uno de los individuo actuaba a cara descubierta, jugando entre ellos al policía bueno, que me aconsejaba que cantará, y el malo, que me castigaba; hasta que me pusieron un revólver debajo de la pera y empezaron a jugar a la ruleta rusa. Quiso el destino que la bala no saliera, sino no estaría acá”.
Guido sostuvo que era una banda mixta y ninguno de los cuatro ladrones llevaba guantes. “Abrieron la heladera, tomaron cerveza, tocaron todo y extrañamente la Policía Científica sólo halló una huella mía en el espejo del baño, que por ahí deje cuando me afeitaba. El procedimiento fue una pavada absoluta…”
La odisea, en la cual también fue víctima la mujer de Careri, quien llegó mientras lo golpeaban, y los sujetos le indicaron en un momento “a tu marido lo batieron”, duró 2.30 horas “de calvario”. Los atacantes se manejaron con un handy con la frecuencia policial.
Poco más de mil dólares, las joyas de su madre, relojes y cámaras fotográficas fueron el botín que se llevaron los ladrones, que en principio estuvieron en el barrio 9 de Julio para luego abandonar la ciudad.
El grave ataque a Careri derivó en una multitudinaria marcha de condena por las calles, pidiendo la comunidad un esclarecimiento que nunca llegó.