Violencia en las aulas y los límites en la escuela: el desafío de recuperar la autoridad
El profesor Nacho Ibarguren, columnista de “Lo dije o lo pensé”, analizó en Ecos Radio el rol de los docentes, las familias y las instituciones frente a las situaciones de violencia escolar
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Un video de una escuela secundaria de Banfield, en el que un docente les gritaba a sus alumnos mientras algunos se reían, hablaban y lo filmaban con sus celulares, volvió a poner en discusión la violencia en las aulas, los límites y el lugar de los adultos dentro de las instituciones educativas.
El episodio fue analizado por el profesor Nacho Ibarguren en su columna “Volvemos a clases”, durante el programa “Lo dije o lo pensé” de Ecos Radio. Allí planteó que el comportamiento de los estudiantes no puede comprenderse sin considerar el contexto social, familiar y cultural en el que crecen.
“Los chicos observan todo. Nosotros, los profesores, somos modelos para ellos, pero también influye lo que ven en la sociedad, lo que hacen sus padres y sus amigos, lo que consumen en las redes sociales, las series y los videojuegos”, explicó.
El rol de la institución
Para Ibarguren, ante una situación de descontrol, el primer paso es detener el conflicto y buscar una respuesta conjunta entre docentes, preceptores y directivos.
“Me parece que lo primero que hay que hacer es frenar la situación”, sostuvo. También reconoció que el cansancio y las dificultades laborales pueden llevar a que algunos profesores eviten realizar un acta o formalizar lo ocurrido, pero remarcó que es necesario trabajar en equipo para abordar estos episodios.
El docente destacó que quienes están al frente de una clase deben sostener su lugar como adultos, incluso en momentos de tensión. “Dentro de esa hora que tenemos de clase, nosotros somos la autoridad. Entonces tenemos que tratar de mantener la calma, porque somos los adultos en esa situación”, afirmó.
En ese sentido, fue contundente respecto de las reacciones frente a los estudiantes: “La violencia nunca tiene que ser la salida, por más cansados que estemos”.
Cuando el límite no se negocia
Ibarguren también señaló que las normas deben ser claras y tener consecuencias concretas. Como ejemplo, contó que recientemente tuvo que retirar un celular a un alumno, quien le pidió otra oportunidad.
Frente a estas situaciones, consideró importante evitar discusiones interminables que debiliten la pauta establecida.
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“No tenemos que meternos en esa discusión eterna. Simplemente decir: ‘Bueno, en esta clase no se puede usar. Que venga tu familia a buscarlo’”, expresó.
Para el profesor, la coherencia entre los adultos resulta fundamental: una regla pierde eficacia cuando cada docente actúa de manera diferente o cuando las consecuencias anunciadas no se cumplen.
Finalmente, remarcó que la responsabilidad no recae exclusivamente en la escuela. Las familias, los docentes y la sociedad también influyen en los comportamientos de niños y adolescentes.
“Todos, desde el lugar que ocupamos en la sociedad —alumnos, docentes, padres y cualquier otra persona—, somos ejemplo para nuestros alumnos”, concluyó.
Su reflexión plantea que enfrentar la violencia escolar requiere límites sostenidos, adultos que puedan actuar con calma y un compromiso compartido entre la escuela y las familias.///
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