Violencia en los hospitales
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En constante aumento, lamentablemente, la crispación de integrantes de la sociedad se manifiesta en diversos hechos, que más allá de inquietar sorprenden y generan un estado de indefensión.
Dentro de estas indebidas conductas, se registran periódicamente incidentes y ataques personales o a las instalaciones de los hospitales, protagonizados por pacientes o familiares de los mismos disconformes o enojados con la atención de médicos o enfermeros.
Ingresos violentos a las guardias para increpar a los profesionales, incluso con intentos de golpes se han venido produciendo con frecuencia, especialmente en el Hospital Emilio Ferreyra.
Los irascibles que generan estos desmedidos incidentes, no solo intentan atacar a los profesionales, sino que también acometen contra el personal de guardia de los nosocomios, que no logran contenerlos; y hasta rompen puertas, vidrios y algunos otros elementos, que indudablemente obligan a reparaciones y gastos por parte del municipio.
Recientemente se produjo un hecho de este tipo en el hospital José Irurzun, donde un exaltado individuo munido de un palo atacó al personal de guardia, y hasta agredió a los efectivos policiales que luego trataron de reducirlo, lo que finalmente pudieron concretar no sin esfuerzo.
En este caso y en otro ha habido gente lastimada, felizmente no de gravedad, pero ¿hay que esperar que eso suceda o se produzca una tragedia como la muerte de alguien?
Nada justifica estos ataques a quienes intentan dar lo mejor de su saber y humanidad a la hora de atender pacientes.
Se ha dado el caso de facultativos, sobre todo mujeres, que han dejado de hacer guardias o lo están meditando en virtud de estos ataques en los cuales se sienten en peligro.
A veces las desmedidas conductas ni siquiera se producen ante una atención que no conforma, sino que también surgen cuando alguien acude a la guardia de los hospitales y pretende que se lo atienda de inmediato. Sin entender que el plantel de atención es reducido y suele ser insuficiente cuando coinciden dos o tres urgencias. Todo esto sumado a que los hospitales, en especial el Ferreyra, son los canales principales en cuanto a la atención en materia de salud, y por ende están saturados en cuanto a la demanda de la población.
Y sin dudas en estas crecientes acciones hay un alto porcentaje de falta de educación y empatía con el otro.
Es inentendible e injustificable que ante la menor discrepancia, ya que lo que ocurre en los establecimientos de la salud se traslada a otros ámbitos, que la respuesta sea insultar, golpear o romper. Reacciones que de poco sirven de ejemplo para los niños o adolescentes.
Sería muy bueno que se reflexione sobre estos altercados que en la mayoría de los casos se podrían evitar, y se eduque desde el propio hogar, pues de continuar así cada vez nos acercaremos más a la ley de la selva.///