Vivir con miedo
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La inseguridad, la otra pandemia que preocupa a los ciudadanos y los afecta, sea en carne propia como ocurre habitualmente con distintos episodios que se sufren. Y también de manera psicológica, ya que quienes han sido víctimas, luego padecen las secuelas de ese momento desagradable y lleno de incertidumbre.
Prueba concreta de lo que expresamos, la convalida una mujer trabajadora que hace una semana repartía en moto ejemplares de Ecos Diarios a los clientes y de repente, aparecieron en escena los vulgarmente llamados “motochorros”, quienes siguen ganando la calle.
Con cobardía y exceso de violencia, uno de los delincuentes descendió de la moto del tipo enduro cros y atacó a golpes a la motociclista, quien cayó al piso sorprendida por semejante cuadro de situación.
Los malvivientes lograron su objetivo, llevarse el rodado al que le “pusieron el ojo” y dejaron tendida en el suelo y mal herida a la repartidora, quien tuvo la fractura de una muñeca y mañana debe viajar a Bahía Blanca para empezar un tratamiento de recuperación.
Después vendrá la intervención quirúrgica y un tiempo de rehabilitación con el retorno a su hogar para continuar con las actividades que le indiquen los profesionales de la salud.
Ahora, cualquiera puede preguntarse por este caso: ¿era necesario tanta agresividad?, ante una mujer totalmente indefensa que sólo cumplía con su labor, como todas las mañanas, de llevar el diario a domicilio en una zona muy poblada de viviendas, tampoco es un sector alejado del casco urbano.
Arrebatos, otra modalidad
Pero podemos mencionar otros episodios graves y lamentables que dejan sus huellas entre quienes los sufren. Y los arrebatos de carteras y bolsos en la vía pública, han provocado innumerables problemas en las víctimas, en su gran mayoría, mujeres de entre 35 y 75 años.
A eso se añaden los robos en viviendas familiares, donde las personas de bien son sorprendidas por ladrones que se introducen con absoluta impunidad y generan zozobra con esa presencia nada legal.
Agreden de forma verbal, algunas veces físicamente y se apoderan de las pertenencias con total desparpajo, por el dominio del momento y al temor de los damnificados que, solamente, apuestan a que la pesadilla termine lo más rápido posible.
Estos casos lo han sufrido matrimonios en sus hogares y, recientemente, un productor agrario con sus hijos en la casa de un establecimiento rural de La Dulce, en definitiva, en cualquier lugar y a toda hora.
Hay encuestas que se hacen con el propósito de saber cuáles son los temas que mayormente preocupan a los argentinos. Y la inseguridad, está muy por arriba de otras problemáticas que tiene la Argentina, como la inflación que aumenta, la pobreza y la corrupción.
A pesar de esto, poco se habla entre las autoridades gubernamentales acerca de la otra pandemia que no tiene vacunas ni otros remedios directos para tratar de atenuarla, es decir, que permitan darle una tregua a la sociedad que vive intranquila.
Es un problema social que debería ocupar a los distintos sectores políticos, con la generación de propuestas de Estado y a largo plazo, con hechos puntuales y que vayan más allá de los distintos pensamientos personales de cada dirigente o líder de alguna agrupación.
La ciudadanía espera respuestas concretas, serias y responsables. La degradación golpea fuerte y exige de acciones firmes que lleven a la gente a vivir con un poco más de paz, sin esta coyuntura de tener que toparse con delincuentes que sólo buscan provocar miedo e incertidumbre.
Vivir con miedo
Los estudios sociales realizados por especialistas en la materia, aseguran que muchas personas viven con temor a ser robadas o asaltadas, no sólo por el hecho en sí de la pérdida de lo patrimonial, sino por la posibilidad de resultar lesionadas o como se ha dado también, hasta fallecer por un episodio de robo o violento.
La realidad es que se tiene miedo, se siente vulnerable por uno mismo, por sus familiares y allegados, por eso se toman medidas preventivas y hay cambios de hábitos a modo de sentirse un poco más protegido, hasta en ciertos casos, limitándose en el pleno ejercicio de sus derechos.
“Cómo puede ser que no podamos salir a la calle con una cartera al hombro, como en gran parte de nuestra vida lo hemos hecho. Qué nos ha pasado a los argentinos, retrocedimos y no podemos parar la avalancha para frenar el paso en falso y cambiar el rumbo”, es la expresión de una víctima de la inseguridad.
Una señora mayor sufrió un arrebato de su bolso en pleno centro, en momentos en que esperaba a su hija para concurrir a un comercio a realizar una compra, la que no pudo hacer porque el ladrón en moto se llevó sus pertenencias.
Luego del robo y a pesar de tener una caída al piso no tan brusca, la víctima tuvo que concurrir al médico días después para controlar alguna probable secuela por el episodio atravesado. Algo que es común y costumbre en la vía púbica, lamentablemente, como le sucedió hace una semana a la repartidora de diarios.
Pero también les pasa a los estudiantes que tras salir de los colegios, si se descuidan con sus teléfonos celulares mandando un mensaje o haciendo una comunicación, son acechados por malvivientes que aprovechan la ocasión para golpearlos y robarles.
En definitiva, nadie está exento y puede ser protagonista de este flagelo que azota a la comunidad.
Los robos y sus perjuicios
“Me cortaron las piernas”, es la contudente frase que utilizó un plomero que fue despojado de la mayoría de sus herramientas del interior de un utilitario que utiliza para cumplir con los clientes que lo contratan.
Lo mismo le ocurrió a otro trabajador que tiene su negocio en plena avenida 59 casi 92, que tuvo u hecho de robo de sus elementos de trabajo y demás pertenencias. Los ladrones vaciaron el tablero de herramientas y nada se sabe del destino de esos elementos. Hace un tiempo atrás en una casa sobre diagonal San Martín, entraron por el techo cuando sus moradores se encontraban de viaje, este hecho es remedo de otros tantos con características similares.
Llama la atención cómo se dan estos ilícitos y o hay resoluciones, no se logra desarticular ese “mercado ilegal” del compre de lo robado. No sería lógico pensar que los autores de estos robos tienen todo el botín acumulado en sus viviendas, es muy difícil eso, ¿verdad?
Es indudable que los elementos sustraídos ya tienen un destino fijado o propuestas urgentes de comercialización, para hacerse de dinero fresco y sacarse de encima un problema con la tenencia de objetos de procedencia ilícita.
Pero los casos de sustracciones de diversas herramientas son también materia corriente, como de electrodomésticos y demás artículos del hogar, como le ocurrió a la entidad Moteros Unidos, aficionada a las motocicletas y la organización de “motoencuentros”.
Esto se produjo en un inmueble de pleno centro, donde autores ignorados robaron y sólo se recuperó un mínimo porcentaje de lo perdido.
Se han dado otros hechos de robos de prendas de vestir para grandes y niños en comercios de distintos lugares, donde nada se supo de las investigaciones y tampoco hay detenidos o imputados en esas causas.
La falta de esclarecimiento de los ilícitos es otra deuda pendiente de la Justicia y la Policía. Siempre se dice que hay poco personal, escasos efectivos para las labores de prevención o para llevar adelante las pesquisas, etcétera.
Sería bueno que el municipio reclame ante el Ministerio de Seguridad bonaerense más apoyo en materia de evitar episodios delictivos. Hay que actuar en conjunto para ganarles el combate a los delincuentes u organizaciones mafiosas que quieren hacer de las suyas y mantienen en vilo a la sociedad toda.
La realidad, penosamente, marca a las claras que el camino de una posible solución está lejana, por eso que hay que apechugarse y seguir, con la esperanza siempre de un mejor camino de vida, sin tanta degradación. ////