Voces que deben ser oídas
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Impulsada por un grupo de vecinos hartos de la situación de inseguridad y desprotección a la que viene siendo sometida la comunidad por parte de la delincuencia, en el anochecer del pasado jueves se llevó a cabo una marcha de protesta por calles de la ciudad.
Esta vez la convocatoria no tuvo una amplia respuesta, al menos considerando la constante secuencia de hechos delictivos, muchos de ellos con una violencia desmedida de los delincuentes hacia sus víctimas, pero al menos dejó en claro que las cosas no están nada bien en materia de seguridad.
Previo a esta manifestación, uno de los organizadores víctima junto a su familia de cuatro robos, el último vaciándoles la casa, había sido convocado por el intendente Arturo Rojas, para interiorizarse sobre su caso.
Al respecto en ese encuentro el jefe comunal le expresó su solidaridad ante la lamentable experiencia y perjuicio sufridos, y le dio su compromiso de seguir trabajando para modificar este complicado presente.
Más allá del mensaje de Rojas, desde hace tiempo existe en la gente la convicción de que los delincuentes ganan por varios cuerpos la batalla a quienes deben brindar seguridad, y que el Estado sigue muy lejos de ocuparse debidamente del tema, cambiando lo que haya que cambiar, llámese leyes del Código Penal, entre otros aspectos.
Esta vez no hubo víctimas fatales, lo que seguramente habría motivado una mayor asistencia a la marcha, pero lamentablemente en cualquier momento surgen ante esta anomia que atraviesa al sistema judicial y a las fuerzas de seguridad. Una actitud lejana a su razón de ser.
Cunde en la población la certeza de que nos encontramos en manos de Dios y que todos estamos en el bolillero de una delincuencia que crece. Las reuniones espasmódicas cada vez que sucede una desgracia, en las cuales miembros de la Justicia y de la Policía se intercambian excusas y pases de factura, ya no sirven de nada. A quienes les corresponden deben resolver medidas que sean más efectivas, y que el propio Ejecutivo municipal debería reclamar con más énfasis, en nombre de sus gobernados.
En este fárrago de cuestiones, mechada por la inoperancia de quienes tienen la obligación de dar respuestas, la ciudadanía debe seguir exigiendo que se le brinde protección y que los delincuentes sean atrapados y cumplan con la condena que les corresponde en cada caso. Aunque hoy eso último se asemeja a una quimera///