Volvieron las picadas a la Cardiel
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Ya van dos fines de semana consecutivos, con motos corriendo
La paz que parecían haber logrado los residentes en cercanías de la avenida Jesuita Cardiel ha terminado, ya que en las dos últimas semanas han vuelto a tronar los motores de las motos en el recorrido que une los puentes Dardo Rocha y Colgante.
Vecinos dieron cuenta a Ecos Diarios que con una puntualidad llamativa, a las 0,45 de la madrugada de los dos últimos lunes y hasta la 1.30 aproximadamente, han sido sorprendidos en su descanso por la realización de las peligrosas picadas de motos.
“Van y vienen a alta velocidad, algunas motos hasta sin luces y continuamente se escuchan las ensordecedoras explosiones de sus caños de escape adulterados”, comentó uno de los residentes en el área.
Se agregó que en ambas oportunidades no se observó a inspectores tratando de disuadir a los infractores, a la vez que al parecer los policías apostados en el sector de ingreso al Puente Colgante tampoco actúan.
Los vecinos reclaman que estas peligrosas carreras no vuelvan a hacerse costumbre, siempre con el latente peligro de accidentes y la pérdida de vidas de los propios protagonistas, muchos de los cuales ni siquiera llevan puesto el casco protector, o de terceros.
Ruidos indetenibles
Las anormalidades en torno a las motos parecen ser amortiguadas de vez en tanto por procedimientos de tránsito más constantes, aunque en los atardeceres y noches de los domingos la zona de la avenida 2, Pinolandia y 10 se colman de motos provocando “explosiones” y con sus conductores y acompañantes sin cascos.
En más de una oportunidad Ecos Diarios ha dado cuenta de la enorme cantidad de motos secuestradas que yacen en el predio de Tránsito de avenida 59, que según los cálculos sobrepasan las 2.300 unidades.
Sobre las causas de las incautaciones los funcionarios las vinculan en su mayoría a la falta de documentación. De ello se deduce que el secuestro de motos participantes de las ilegales picadas en las calles de la ciudad, sigue siendo cadi inexistente. Ante esta pasividad parece que sólo falta esperar que se produzca la pérdida de alguna otra vida, como ya ha ocurrido, para que surja alguna reacción por parte de quienes deben controlar que esto no ocurra.