Wolfang Amadeus Mozart y su obra de sublime belleza
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En el ciclo Encuentro Musical se proyectará Requiem, filmada en la Catedral de St. Stephen de Viena
Este jueves, a las 18, se realiza un nuevo Encuentro Musical en el Auditórium del Centro Cultural de Necochea, calle 54 N° 3062, conducido por la profesora Ana Gabino y, como en otras ocasiones, tiene como protagonista a Wolfang Amadeus Mozart. No podía ser de otro modo, ya que se lo considera como el más genial de todos los músicos y, tal vez, el más grande entre los genios de la historia humana que conocemos. Si bien gracias a las grabaciones se puede disfrutar de las mejores versiones de muchas de sus obras, sería imposible abarcar la totalidad de su enorme producción.
Por otra parte, es tal la belleza de cada una de ellas que resulta imprescindible escucharlas una y otra vez. Son inagotables.
Luego de un nuevo acercamiento a Mozart, motivado esta vez por la proyección reciente de la extraordinaria película “Amadeus”, de Milos Forman, quedó el deseo de volver a escuchar la música. Música perfecta por los intérpretes perfectos, ya que la inigualable banda sonora de la película fue grabada por la orquesta de la Academy San Martin in the Fields dirigida por Sir Neville Marriner. El Requiem, obra póstuma y suprema, acompañó las secuencias de los últimos tiempos de Mozart.
Creación
Además del recogimiento y la emoción que provoca, también quedó el interés por saber si lo presentado correspondía con la realidad histórica. En 1791, año de su muerte, Mozart creó el impresionante Requiem, KV 626, una misa de difuntos. Fue encargado por el conde Franz Walsegg-Stuppa, quien tenía la rara costumbre de pagar a ilustres compositores por obras originales y sin firmar. En una época de pobreza en la que necesitaba obtener dinero, el músico aceptó que la obra, de tocarse en público, sería atribuida al conde. Walsegg-Stuppach compró las partituras con la idea de copiarlas en su propia caligrafía y repartirlas entre sus músicos, quienes simularían creer que su autor era el conde. Si bien la actitud de éste no encuadra con la un caballero, sí puede decirse que perseguía una noble ambición: honrar la memoria de su joven esposa, Anna, en el aniversario de su fallecimiento.
Pero al margen de las voluntades del conde, Mozart murió sin terminar la misa. La viuda, Constanze Weber, interesada en cobrar el dinero a Walsegg-Stuppach, buscó discípulos de Wolfgang para terminar la obra. El primero en intentarlo, Leopold Eybler, abandonó la empresa. Finalmente, Franz Xaver Süssmayr, también alumno de Mozart, concluyó la obra y fue entregada al conde, quien dirigió el estreno (el 14 de diciembre de 1793), haciéndose pasar por su autor. Años más tarde, las partituras probaron que el genio de Mozart es el auténtico dueño de la obra (actualmente, los originales se conservan en la Biblioteca Nacional Austríaca). De modo que la conmovedora escena del filme Amadeus, donde un perverso Salieri asiste al enfermo Wolfgang, en su lecho de muerte (mientras le dicta la partitura entera de la obra) es históricamente incorrecta.
Conmemoración
La versión que se proyectará es la filmada en vivo en la Conmemoración del 200° aniversario de su muerte en la Catedral de St. Stephen de Viena, el 5 de diciembre de 1991. Son sus intérpretes Arleen Auger soprano; Cecilia Bartoli mezzosoprano; Vinson Cole tenor; René Pape bajo, la Orquesta Filarmónica de Viena y el Coro de la Ópera de Viena dirigidos por Sir George Solti.
Para completar el programa se proyectará la Sinfonía N° 40 en sol menor K. 550, en la versión de la orquesta Concertus Musicus Wien dirigida por Nikolaus Harnoncourt.Las tres últimas sinfonías de Mozart: 39, 40 y 41, fueron compuestas en menos de seis semanas, durante el verano de 1788.Crear semejantes obras de arte en tan breve período supera lo imaginable.