¿Y si probamos con comprometernos más?
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/12/compe241217.jpg)
No es la pretensión de esta columna hacer una radiografía del residente en nuestra ciudad, ya sea que haya nacido aquí o viniendo de afuera la haya adoptado para vivir. Es seguramente tarea para un buen sociólogo el describir el “gen necochense”.
De todas formas, desde la observación se puede esbozar una mirada sobre actitudes de nuestra sociedad, que se han ido reafirmando con el correr del tiempo y que han colocado a Necochea en la situación en la que se encuentra.
Es muy común, casi se diría un deporte de los argentinos, criticar al gobernante y dirigente de turno, lo que en muchos casos no dejan de ser justas condenas, ante la serie de decepciones que hemos tenido en las últimas décadas.
Sin embargo, bien se dice que estos protagonistas, que son los que deciden en un gobierno, club o entidad pública, no salen de un repollo o llegan en un plato volador. Emergen de la sociedad y en la mayoría de los casos son elegidos por esa sociedad para ocupar el cargo que a veces no honran con inteligencia y trabajo.
Pensando en el plano local, cuántas veces nos preguntamos cómo tal o cual persona puede estar ejerciendo un cargo en el gobierno o Concejo Deliberante, para la que evidentemente no está preparada.
Es que en el caso de la política, lamentablemente se ha transformado para muchos en una bolsa de trabajo, donde no es complicado mimetizarse y asegurarse un buen salario o dieta, a veces por varios años.
En los propios partidos la intervención es cada vez más escasa –una muestra es la reducida concurrencia del afiliado peronista a votar en la reciente interna local- y a para los jóvenes es mala palabra. El resultado es que siempre estén los mismos, que ya han fracasado o mostrado su ineptitud, pero que ante el desinterés general se “eternizan” como protagonistas.
Dejar de ser espectadores
El campo para que algunos improvisados o impulsados por su propio interés y no el comunitario lleguen a ocupar un puesto es abonado, no solo por su mérito, tesón y estrategia de participar, sino por los miles de habitantes locales que no se involucran. Y si no participa luego los reclamos resultan vacíos y hasta inoportunos.
Dejando de lado el ámbito de la Municipalidad, hay varios ejemplos de la falta de compromiso para las cuestiones que hacen al presente de Necochea.
La escasa, por no decir nula, intervención del vecino común cada vez que se eligen autoridades en la Usina, de la cual es “dueño”, por tratarse de una cooperativa es un claro ejemplo. Luego llegan las críticas cuando se toman decisiones con las que no se están de acuerdo, o simplemente las facturas llegan con altos costos.
Las sesiones del Concejo Deliberante, donde se deciden cosas que terminan favoreciendo o afectando a la sociedad en su conjunto, pasan poco menos que desapercibidas para la mayor parte de la población. Bastaría hacer una encuesta en los barrios y seguramente sorprendería el alto desconocimiento de la gente sobre quiénes son los ediles, así como también quienes escoltan en su gobierno al intendente Facundo López.
Las entidades barriales están cuasi desaparecidas por falta de personas que quieran trabajar en pos de los desvelos por mejorar el sector de la ciudad en el que residen.
En tanto, algunas obras ideadas y llevadas a cabo por grupos de vecinos, como ser la construcción de monumentos o instalación de juegos infantiles en espacios públicos, no se extienden en el tiempo, justamente porque se desvanece el compromiso de seguirlos manteniendo. Lo de los Amigos de Paseo de la Ribera desde hace algunos años parece una excepción.
Las pequeñas grandes cosas
Es cierto que el Estado municipal es el mayor responsable del abandono que hay en la vía pública. Y una de sus funciones precisamente es mejorarla o al menos mantenerla en condiciones; y controlar a quienes la ensucian o rompen adrede.
Pero fuera de esa obligación del gobierno de turno, no son pocos los vecinos que ni siquiera barren la vereda de su casa, o tratan que el jardín y frente del inmueble luzca bien, para lo cual a veces no se trata de invertir dinero.
Bajo esta conducta cómo podemos pretender que la vía pública, playa o parque Lillo estén en condiciones. Son lugares que nadie cuida, bajo el paupérrimo razonamiento de “total no es mío”.
En el esfuerzo y compromiso personal surge la raíz para el porvenir de un grupo social o comunidad. Y Necochea lamentablemente carece bastante de esa vergüenza, decisión y fuerza para tratar de revertir una imagen colectiva que a muchos nos duele.
Algunos memoriosos o nostálgicos recuerdan los viejos tiempos, en los cuales las entidades intermedias tenían vuelo propio, porque los vecinos dejaban de lado horas de descanso para trabajar en pos del bien común, obviamente sin recibir nada a cambio. Tan solo la satisfacción personal por contribuir al progreso de Necochea.
Es cierto que los cambios sociales han minado muchas de esas ganas, especialmente ante el vértigo de la lucha diaria por mantener una posición económica o social de cada uno.
No obstante en esta Navidad, que es sinónimo de renacimiento, bueno sería que cada uno hiciera un “mea culpa” o reflexión internos, para ver qué es lo que no se está haciendo y en qué medida puede comprometerse para con la comunidad en la que vive y se desarrollan sus hijos.
La ciudad no tiene dueño. Lo somos todos los que residimos en este suelo. Y bajo esta perspectiva sería interesante que cada uno aportara algo de si para sacar a Necochea de este letargo y que deje de ser la eterna promesa. Es cierto que hay mucho por hacer, pero es cuestión de poner la rueda en marcha.///
Raúl Jauregui
Redacción