Yo, argentino
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La inconmensurable realidad económica con la que se ha encontrado el nuevo Ejecutivo municipal, además de inquietar a los gobernantes de turno y llamar la atención a la comunidad, despierta numerosos interrogantes acerca de las causas que derivaron en este descalabro, aún con impredecible final.
Está claro que el delicado presente financiero de la comuna tiene como principal responsable al anterior intendente, Facundo López y su equipo, pero saltan a la luz otros actores que debieron actuar y no lo hicieron debidamente; o ejecutaron su labor con falta de responsabilidad o liviandad.
Y es en este aspecto en el que vale repasar la actitud y accionar que exhibieron los concejales de la oposición durante la gestión de López, sobre todo en la última etapa de su gobierno.
Un relevamiento de Ecos Diarios, cuyo resultado fuera reflejado en una nota publicada el pasado lunes, consultando a esas voces opositoras, no sólo mostró el cómodo pensamiento de algunos de los legisladores, sino que reveló el escaso apego a cumplir con las exigencias de un cargo público con la importancia que debería revestir el integrar un Concejo Deliberante.
La consulta obviamente fue dirigida a los concejales que iniciaran su mandato en 2017, lográndose el testimonio de nueve de los diez en funciones (la concejala Cristina Biar no respondió).
Palabras más palabras, palabras menos, hubo con denominador común en las expresiones: los opositores de entonces responsabilizaron exclusivamente al anterior jefe comunal; y quienes fueran oficialistas hasta diciembre del año pasado “patearon la pelota más lejos” y apuntaron como generador de la crisis actual de la comuna necochense a “quienes apoyaron las políticas de Cambiemos”. Una conducta que se puede reflejar en la clásica frase “Yo, argentino”, que describe el acto de “lavarse las manos” cuando las situaciones no son las mejores o no convienen en lo personal.
Más allá que resulte común confundir el rol de un concejal, entre sus funciones aparecen la de fiscalizar integralmente la gestión del intendente, especialmente para verificar que los actos municipales se hayan ajustado a las políticas, normas y acuerdos adoptados por el Concejo. El cumplimiento de los planes y programas de inversión municipal y la ejecución del presupuesto.
¿Los componentes del cuerpo asumieron esa responsabilidad? ¿Estuvieron atentos a controlar las desprolijidades que se percibían de la gestión? La respuesta, salvo esporádicos hechos, lamentablemente es negativa.
Algunos se escudaron en la mala relación con López, que en más de una ocasión “ninguneó” a los integrantes del cuerpo. Y justamente eso debió de haber obrado como aliciente para observar críticamente la gestión y dejarlo en claro públicamente.
La representante del PRO, Eugenia Vallota, fue la única que manifestó que “todos los que formamos parte del municipio debemos ser responsables”.
Nadie discute que los concejales, y mucho menos los opositores, no pergeñaron ni llevaron adelante las políticas del gobierno anterior. Eso no los salva de su obligación de dar todas las repuestas posibles al ciudadano, que con su voto les posibilitó acceder a una banca.
Con los actos consumados y a la vista de todos, sólo cabe aspirar que de aquí en más quienes integran el deliberativo tengan la voluntad y la honestidad de controlar al Ejecutivo en ejercicio, pugnando por consensos pero sin esquivar las observaciones, pedidos de cambio de rumbo o férrea pero constructiva crítica, cuando las cuestiones lo ameriten.
En el concepto general, el accionar de los concejales está cuestionado desde hace tiempo. Qué mejor que trabajar y comprometerse más con la función, para que esta mirada se revierta. Siempre se está a tiempo de hacerse una íntima autocrítica y esmerarse para ser mejores. Ojalá los ocasionales habitantes del Concejo esta vez lo sepan aprovechar///