Zonificación, una deuda pendiente
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En la última sesión del Concejo Deliberante quedó aprobado por unanimidad y sin debate en la sala, el nuevo código de edificación para el distrito, que reemplazó una norma que regía desde hacía 37 años.
El hecho de no haber generado intercambio entre los ediles se debió a que se trató de una reglamentación que fue analizada, primero por colegios profesionales y, al transformarse en proyecto de ordenanza, por los propios concejales. De esta manera se pulieron todos los detalles para establecer una nueva y necesaria norma.
La propuesta surgida desde la Dirección de Obras Privadas no sólo actualizó una serie de reglas que estaban vigentes desde principios de la década del 80, sino que se adecuó a las variantes que se han sucedido en las últimos años, tanto en el material de las
construcciones como en lo que atañe a comodidades y seguridad.
Resulta sumamente loable la renovación de ordenanzas que se van adecuando precisamente a los avances y cambios producidos.
Sin embargo, una cuestión que sigue sin reglamentación clara es la zonificación de construcciones, vale decir en qué lugares se pueden levantar viviendas de un estilo u otro, para justamente no romper la estética de los distintos barrios.
Las casas de barro o totalmente de madera y el uso de los “containers”, han significado en los últimos tiempos algunas notables innovaciones en cuanto a la construcción de un lugar para vivir.
Más allá de los gustos personales, sigue sin existir una norma clara o que al menos establezca ciertos parámetros para no alterar el paisaje de un barrio.
Es así que deben coincidir una serie de cuestiones, que tienen en el medio a varios actores. Si por caso un profesional plantea construir una casa de barro en la
diagonal San Martín, cosa que parecería ridículo, tras la constitución de un expediente de factibilidad, el proyecto debe ser analizado por las distintas áreas municipales (Obras Privadas, Planeamiento y Obras Públicas). La aprobación tendrá que ver con el hecho de que la obra sea estética en sus terminaciones y no altere la armonía de sus alrededores.
Sin embargo, en caso de no sortearse algunas de estas escalas, aparece en escena una herramienta que ha beneficiado a varios y perjudicado a otros tantos: la vía de excepción.
Necochea tiene muchos ejemplos en este sentido. Con habilitaciones de construcciones y otro tipo de comodidades en sitios indebidos, sin considerar el derecho de quienes viven en las adyacencias y otras cuestiones. Algunas concreciones se han transformado en verdaderos adefesios.
Varios de estos permisos han sido producto de amiguismos o, porque no decirlo, de “convencimientos” por vías irregulares a quienes deben habilitarlas.
A modo de comparación en Mar del Plata no existe un código de zonificación, pero cuando surgen proyectos que rompen la morfología de un lugar, el municipio solicita un estudio de impacto urbanístico y convoca una junta de vecinos para ver si estos se oponen o no a este plan. Algo que en el caso de Necochea no se registra.
Bajo estas dudas y como una forma de despejarlas y tener una ciudad más ordenada, sería interesante que desde las autoridades, profesionales o los mismos ediles, surgiera alguna iniciativa al respecto.///